lunes, 22 de marzo de 2010

MADROÑO

MADROÑO
Arbutus unedo L.
Madroñera, cirerer dárboç, arboç, gurbitza, medronheiro.

Familia: Ericaceae.

Lugar de origen: Europa meridional.

Descripción:
Arbolillo o árbol perennifolio que puede alcanzar 10 m. de altura. Las hojas son lauriformes, coriáceas, brillantes por el haz, con el borde aserrado. Las flores se disponen en panículas colgantes. La corola es urceolada y de color blanco. Florece a finales del otoño coincidiendo con la maduración de los frutos de la temporada anterior. Éstos son bayas globosas, con la superficie granulosa, primero verdes, luego amarillas y rojas al madurar y contienen numerosas semillas en su interior.
Especie acompañante de bosques mediterráneos. Sus frutos son comestibles aunque algo indigestos si están muy maduros por su contenido en alcohol.

Cultivo: Le gusta el suelo silíceo, rico en materia orgánica. Es de clima templado pero resiste el frío si no es demasiado intenso. También aguanta la escasez de agua. Exposición soleada o semisombreada siempre que tenga suficiente iluminación. Requiere poda de formación y de mantenimiento. Se reproduce mediante semillas.

Utilización: Como arbusto de jardín aislado o en setos o como pequeño arbolito.

Propiedades: La corteza es rica en taninos y se ha usado como curtiente. Tiene propiedades astrigentes y se usa como antiséptico, antiinflamatorio, baja los niveles de azúcar, baja el colesterol y se usa como depurativo de la sangre.

Refranero:
-Cuando el erizo se carga de madroños, entrado está el otoño.
-No hay aliño como el ajo, ni palo como el madroño.

Curiosidades:
Todos sabemos que el madroño forma parte, junto con un oso del escudo de Madrid, pero seguramente pocos sabrán cual fue su origen.
En un principio, Madrid sólo tuvo como símbolo a un oso pasante, y con esta enseña acudieron las milicias madrileñas a la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Posteriormente, y según la tradición, se sustituyó el oso pasante por un madroño y un oso empinado. Este cambio se debió a la resolución adoptada en el largo pleito que enfrentó a la Villa con el Cabildo de Curas y Beneficiados de Madrid sobre la propiedad de los pastos y arboledas. Así, se acordó que los pastos pasaran a propiedad del Cabildo y los árboles al Concejo madrileño. Desde ese momento, el Cabildo usó en su escudo el oso pasante, mientras que la Villa adoptó para el suyo el oso erguido y el madroño, enseña que venía a simbolizar que los árboles eran propiedad de la Villa.


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