martes, 11 de junio de 2013

ALGARROBO, EL ÁRBOL DE SAN JUAN



     El más fuerte de los vientos jamás conseguiría derribarnos. Ni tan siquiera a duras penas alcanzaría a doblegarnos, tal es la determinación y la fuerza de nuestras creencias. Es posible, por el contrario, puesto que ha sucedido ya en repetidas ocasiones a lo largo de la historia que al igual que las hojas secas en el bosque o como los granos de arena del desierto lograra, al fin, arrastrarnos para conducirnos un poco más allá. Porque cualquier tierra dispuesta a acogernos puede llegar a constituirse en nuestro hogar.  Pero aunque vivamos allí por generaciones esa tierra hospitalaria no nos pertenece, ni nosotros tampoco a ella, porque nuestro pueblo nunca ha tenido patria. Un origen si, pero éste se ha vuelto tan remoto que se pierde hasta en la memoria de nuestras Sagradas Escrituras.
     Somos descendientes en línea directa de la doctrina nazarea que Yohanna, el más grande y sabio de los profetas predicó hace 2.000 años en la tierra de Palestina en ambas orillas del río Jordán. En aquellos convulsos años tras la muerte del maestro tuvo lugar un enconado enfrentamiento por el liderazgo de nuestra fe que condujo a una división irreconciliable. Aquellos que permanecieron como fieles seguidores del profeta hubieron de abandonar para siempre sus hogares perseguidos a causa de sus creencias por sus mortales enemigos. Así, iniciaron un éxodo que a lo largo de los siglos les ha llevado por todo el Medio Oriente.
     Hoy, finalmente, acosados y al borde del exterminio en las marismas del río Eúfrates donde nacimos, algunos de nosotros nos vemos obligados a emprender una nueva huida. Esta vez hacia occidente, hacia América, donde tal vez encontremos una sociedad lo suficientemente tolerante donde tengan cabida por igual todos los pueblos y culturas del mundo.

LANGOSTAS Y MIEL
     Nuestro relato anterior nos muestra los avatares del pueblo mandeo, seguidores de la doctrina de Yohanna, al cual los cristianos llamaron San Juan el Bautista. Éste solía predicar en el desierto de Judea donde con frecuencia realizaba sus rituales bautismales. En los evangelios, Mateo nos muestra como San Juan lograba sobrevivir largas temporadas en un lugar tan inhóspito: “Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre”.
     Sin embargo, aunque en aquella época con frecuencia se incluían en la dieta alimentaria insectos como las langostas, hay quién opina que era poco probable que estos insectos frecuentaran un lugar tan adverso como este desierto. Por el contrario hay algunas especies de árboles que subsisten en las regiones desérticas de la zona. Casualmente una de ellas, el Algarrobo (Ceratonia siliqua) era conocida por algunos pueblos con el nombre de “langosta” lo cual lleva a pensar que tal vez el bautista se alimentara de las nutritivas vainas de este árbol.
     Posteriormente al algarrobo, del cual hablaremos a continuación, se le asignaron nombres como “Árbol de San Juan” o “Pan de San Juan” evocando esta circunstancia.

Hojas de algarrobo (Ceratonia siliqua)

ALGARROBO

Ceratonia siliqua, L.
Algarrobo, algarrobo judío, árbol de San Juan, pan de San Juan, garroba, garrofa, garrofera, mollar, quilate.
Familia: Leguminosae (Caesalpinaceae, Fabaceae, Papilionaceae).
Etimología: La palabra ceratonia proviene del griego “keration” cuyo significado es “cuernecillo” haciendo referencia a la forma de las vainas. Siliqua viene del latín y significa “vaina de leguminosa”.
Lugar de origen: Originario del Mediterráneo Oriental, se ha extendido por toda la cuenca mediterránea.
En América existen otras especies de árboles que reciben el nombre de Algarrobo aunque de parentesco lejano pertenecientes al género Prosopis (Algarrobo blanco, algarrobo negro, algarrobo chileno...) o a otros como Hymanaea courbaril (Algarrobo criollo).

Descripción:
El algarrobo es un árbol perennifolio de hasta 10 metros de altura, de corteza lisa, de color gris-negruzca. Sus hojas son compuestas, alternas, paripinnadas, con foliolos coriáceos de 2-5 cm de longitud, de color verde, con el borde entero y de forma elíptica casi redonda. Es una especie polígama, aunque lo más frecuente es encontrar individuos masculinos o femeninos. Las inflorescencias son racimos que nacen de las ramas o incluso de los troncos. Las flores masculinas son muy pequeñas, monoclamídeas, con un verticilo estéril y 5 estambres de anteras rojas. Las femeninas son parecidas pero carecen de estambres y poseen un pistilo comprimido y terminado en un estigma ancho. El fruto es una legumbre o vaina dura de longitud muy variable, de color verde claro en sus inicios y castaño oscuro al madurar, conteniendo en su interior varias semillas pardo rojizas rodeadas por una pulpa pegajosa de sabor dulce.

Flores de algarrobo. A la izq. flores masculinas con sus característicos
estambres rojos. A la derecha flores femeninas.
Cultivo:
El algarrobo es un árbol  de clima cálido, soportando bastante bien la sequía y no aguantando suelos que estén demasiado húmedos. En zonas dónde el clima no sea favorable se intentará resguardar del frío pues no soporta temperaturas bajas ni las heladas. La exposición debe ser soleada. Se adapta a todo tipo de suelos prefiriendo los terrenos calizos. Se reproduce mediante semillas siendo necesario a veces procesos de escarificación u otros tratamientos para tener mejores resultados.

Utilización:
Tradicionalmente se ha usado como forraje para el ganado siendo actualmente utilizado en la composición de algunos piensos y en la industria farmacéutica. En tiempos de escasez, en España concretamente durante la Guerra Civil y la posguerra, sus vainas, de pulpa dulce, fueron consumidas por gran parte de la población debido a su gran valor nutritivo, llegando a producirse distintas variedades de frutos (Mollar, negrete, caches, matafelera...). Con estos frutos se prepara el carob, un sucedáneo de chocolate muy utilizado en dietética.


Frutos del algarrobo en sus distintas fases. A la izquierda fase verde de las vainas, en el centro
 en su fase de madurez. A la derecha, semillas extraídas del interior de las vainas maduras.
Propiedades medicinales:
Posee múltiples utilidades para tratar afecciones digestivas como la diarrea, dolores estomacales o indigestiones. Es útil también para tratar problemas respiratorios, dolores de garganta o para aliviar la conjuntivitis.

Refranes:
-“Mal año de maíz, buen año de algarroba”. (Este refrán hace referencia a la resistencia que tiene el algarrobo a las sequías, siendo una gran reserva alimenticia cuando fallan otros cultivos y forrajes).

Imagen del maestro espiritual de los mandeos Juan el Bautista.
 Óleo del pintor italiano Massimo Stanzione (1586-1656) titulado
 "La predicación de San Juan Bautista en el desierto"

LOS MANDEOS: LA ÚLTIMA RELIGIÓN GNÓSTICA.

     Los mandeos son una de las comunidades religiosas más antiguas  y pequeñas del mundo mediterráneo. Se cree que evolucionaron en las orillas del río Jordan en los siglos I y II d.C. donde realizaban de forma pública y colectiva su rito más importante, el bautismo, siguiendo las enseñanzas de su mayor maestro espiritual Juan Bautista. Sin embargo sostienen que su religión es mucho más antigua y que proviene directamente de Adán.
     Se considera una secta gnóstica, de hecho la propia palabra “mandeo” proviene del arameo “manda” que significa “conocemos” que en griego sería “gnosis”. Toma por tanto del gnosticismo la creencia en la salvación mediante el conocimiento de lo divino y no mediante la fe en el perdón a través del sacrificio de Cristo. De hecho los mandeos  nunca aceptaron a Jesús al cual consideran un traidor que, según su creencia fue abandonado por Dios y crucificado como castigo por apartarse de la doctrina de Juan el Bautista, su verdadero Mesías. También mantiene la filosofía o creencia dualista del bien contra el mal, el espíritu frente a la materia..., característica del gnosticismo.
     Los mandeos tienen su propio libro santo, El Ginza Raba, que es un compendio de historias, oraciones y tratados teológicos. También tienen otras escrituras sagradas como el “Libro de Juan” o el Qolasta o Qolusta que es un libro de rezos. Los templos se denominan “mandá” y suelen estar situados cerca de un río para celebrar la purificación mediante el agua corriente en su rito más importante. Una peculiaridad de esta religión es que es imposible convertirse al mandeísmo ya que sólo pueden serlo los hijos nacidos de padre y madre mandeas y casarse con alguien que no pertenezca a esta religión es motivo de expulsión.
     Visto esto, parece asombroso que en la actualidad aún sobrevivan seguidores de esta doctrina. Los mayores asentamientos de creyentes han estado hasta hace poco en Irak e Irán, aunque recientemente han sido perseguidos y obligados a emigrar y dispersarse. Pese a que son pocos (unos 12.000, según estimaciones de 2011) es admirable la fuerza de sus creencias y su capacidad para perdurar hasta llegar a convertirse en los últimos gnósticos antiguos que quedan.

1 comentario:

  1. muy buena la pagina sigan asii tiene muy buena informacion

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